Es mi asiento treinta y dos el que define cuán importante ha sido salir la noche pasada. El Ale al lado, mi papá al otro, quién se imagina que un perfecto extraño sea quien cambie tu animo y tus pensamientos de un momento a otro. Un susurro pudo haber cambiado su vida, sin embargo marco la mía. Ese perfecto extraño que tambien estaba en el asiento treinta y dos, pero de la fila quince. Me imagino que en un momento él se preguntó que hacía la mina de adelante mirándolo de reojo, y que luego paró de hacerlo. Debe haber tenido un poco menos del doble de mi edad, y qué importa, si en ese momento yo ganaba, yo sabía algo tan importante para él y para mi, sin embargo él se despierta, se afeita y camina todos los días sin saber ni sospechar acaso que una extraña sabe el secreto que podría cambiar su vida. Eso supongo que es lo que importa ahora, la mía ya da lo mismo, algo ya cambió en la relación con mi madre, ya sé justamente lo que no tengo que hacer ni lo que no debo ser. Puede ser bastante doloroso estar consciente de los errores que cometen tus padres con voluntad, con ganas y placer de cometerlos; puede ser que en algún instante olvide que debo fingir justo en este momento en que él está atrás con su novia y yo preparada para contarle lo que podría destruir su vida. Y qué más da, sé muy bien que no lo voy a olvidar, está presente en cada latido que da mi corazon en ese preciso momento... a veces simplemente no puedes olvidar el rol que te entrega Dios.
Si sólo él supiera que las cosas no son como él piensa, que lo que él ve no es nada más que un burdo retrato de lo que podría ser una vida feliz; que cuando él levante las piedras, ya no estará la tierra que antes les sostenía. Me estoy comiendo una a una las papilas gustativas y mordiéndome las encías hasta desvariar; siempre he querido encararlo y contarle su realidad, que, hace mas de dos años le está uniendo junto a mí. Él sólo disfruta el show, piensa que el buen trabajo de su padre le costea la entretención de ese momento. Cuánto hubiese deseado no haberlo visto y haber seguido pensando en que algún día, por fin, vería a mi madre feliz. No espero nada, ni siquiera que me mire cuando se levante y se marche. Bien sé que en algún momento él me odiará tanto a mí como a mi madre, y que importa, bien sé que no soy culpable de nada, y él tampoco. Primero de agosto es más que frustrante, es más que sorpresivo... no me interesa nada de lo que él pueda hacer, sólo me interesa lo que su padre va a pensar cuando su hijo le cuente la potente música que Blue Man Group tocaba.
